Seguimiento de nuestros hijos en línea



El artículo de hoy del New York Times article acerca del hecho de que algunos padres están utilizando software de vigilancia para estar informados acerca de las actividades digitales de sus hijos, ha reavivado el debate sobre qué tan apropiadas son esas tácticas y en qué momento esa actividad se parece menos a una vigilancia y más a espiar.

El artículo hacía mención de los muchos tipos de herramientas que están actualmente disponibles para los padres que quieren escarbar algo más profundamente en las vidas de sus hijos.  Algunas de esas herramientas, como aplicacions que impiden el textear mientras se conduce, son realmente sensatas y tienen como objetivo la seguridad personal. Otras de esas herramientas, como software de búsqueda para referencias sexuales o de drogas en las páginas de Facebookde de los hijos, son más controversiales.

Es innegable el hecho de que, en esta época digital, los niños pueden meterse en problemas. Apenas la semana pasada relaté the story de tres adolescentes que fueron víctimas de ataques sexuales después de hacer contacto con sus supuestos atacantes por medio de una aplicación de “descubrimiento social”. De igual manera, todos estamos conscientes de las consecuencias potencialmente trágicas del acoso cibernético y demás tipos de intimidación en línea.

Quizás lo que resulta más sorprendente es el hecho de que la mayoría de los padres presentados en el artículo parecían involucrarse en estas actividades de vigilancia con el pleno conocimieto y hasta el consentimiento de sus hijos. Incluso se dijo que una chica afirmó sentirse más segura por ello: “como si me estuvieran cuidando.”

Resulta interesante que, los más de 200 comentarios en línea a que dio lugar el artículo del Times parecieron estar divididos de manera pareja entre los individuos que ven con simpatía que los padres supervisen cercanamente a sus hijos y los que sugieren que dicha actividad ha ido demasiado lejos. Muchos críticos citan el derecho de privacidad de los chicos, especialmente cuando crecen. Otros escribieron acera de “los buenos y viejos tiempos”  cuando a los chicos se les permitía realizar por sí mismos la difícil tarea de crecer y aprender de sus propios errores. (¡Pero, por supuesto que los errores en los viejos tiempos no daban como resultado un video embarazoso en YouTube visto por 5 millones de personas!)

Lo que faltaba en el artículo (y en los comentarios) era cualquier referencia a los niveles tan diferentes de personalidad y madurez de los niños involucrados. Era como si los padres solamente tuvieran dos caminos: ya sea vigilar o no vigilar, sin considerar si su hijo estaba en peligro.

Los chicos que no buscan peligros, que son inteligentes y sensibles y que cuidan sus relaciones con los demás ya sea en línea o fuera de ella, generalmente merecen un nivel de confianza diferente al de aquéllos que buscan los riesgos, que pueden ser sexualmente aventureros o especialmente vulnerables. Casi con seguridad, el comportamiento en línea de un chico reflejará su comportamieto fuera de ella: si tu hijo es un acosador en el patio de la escuela, es possible que también lo sea en Internet; si tu hija es sexualmente aventurera en la vida real, habrá que esperar el mismo tipo de comportamiento en Facebook.

Por lo tanto, mi única observación para los padres que se sienten tentados a leer todos los textos que manda su hija o deslizarse sobre todos los sitios web que visita su hijo es que se relajen y que consideren cómo se comportan cuando no están pegados a un iPad o teléfono inteligente. Si no requieren una vigilancia estrecha en la vida cotidiana, probablemente puedan darles algo de libertad cuando estén en línea.

Vigilas el comportamiento en línea de tu hijo? Qué herramientas utilizas? Comparte tus pensamientos con The Online Mom!



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