Mamá, ¿Puedo tener un Teléfono Celular….?

Prepárate…¡la pregunta llegará más pronto de lo que piensas!

Por Terri Hunter-Davis

Tal parece que soy una mala madre.  Mi hija de 10 años de edad no tiene su propio teléfono celular.  No importa que nunca viaje sola ni que nunca haya estado fuera de casa más de cinco minutos sin tener acceso al teléfono de alguien.  Tampoco importa que sus amigos a menudo llaman a nuestra casa (resulta interesante que ella rara vez los llame).  Pobre, miserable “tween”, ¡ella necesita un teléfono celular y todo es culpa mía!

¿Cómo, ustedes no piensan que soy muy mala? Gracias, necesitaba oírlo.

La verdad es que nuestra decisión de decir firmemente que “aún no” no es inusual. Pero tampoco es necesariamente correcta, por lo menos no para todas las familias. La decisión de permitirle (o no) a una adolescente el tener su propio teléfono celular es individual.  Tiene mucho que ver con la responsabilidad, la madurez, las necesidades y las circunstancias.

¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Cuándo?

Actualmente, no resulta extraño que los chicos de entre 9 y 10 años de edad empiecen a solicitar su propio teléfono. Centro de Medios y Salud Infantil reporta que el 54 por ciento de los chicos entre 8 y 12 años de edad tendrán su “propio” teléfono celular en los próximos tres años.

Pero, los chicos son individuos, ya que un hermano puede desesperadamente desear uno y al otro le importa un bledo.  Es posible que tu hijo haya empezado a formar hábitos telefónicos mucho más temprano, empezando con el parloteo semanal con la Abuela.  Es probable que tengas una idea de si tu hijo va a querer un teléfono celular antes de que él o ella lo pida.  Empieza desde ahora a pensar en tus respuestas y ¡todo será más fácil para ti cuando el asunto finalmente llegue!

Necesidad contra querer

Tu definición de “necesitar” es casi seguro que diferirá de la de tu hijo.  Es probable que pienses que tu hijo necesita un teléfono celular para avisarte que llegó sin problemas a su lección de natación. Y siempre está la “necesidad” que surge cuando un compañero de clases, de equipo o un vecino tiene uno.

A los ojos de muchos padres, el deseo de tener un teléfono celular es parecido a la versión más joven de mantenerse al mismo ritmo que los vecinos.  Utilizando el círculo social de mi hija como un ejemplo, de cerca de 40 amigos y conocidos (todos en el rango de entre 9 y 12 años de edad), quizás hay cuatro o cinco que tienen celulares. La mayor parte de sus padres están de acuerdo en que, generalmente, no hay gran necesidad de que un chico de 10 años lo tenga. (Aunque los que quieran prohibir los teléfonos (y a los chicos) hasta que sus hijas tengan, digamos 30 años, ¡tienen un duro camino que recorrer!
Sin embargo, el rango de edad entre  8 y 12 años es el tiempo en el que los niños aprenden (y se ganan) mayor independencia.  A algunos, que son mayores, se les permite tomar el transporte público para ir y regresar de la escuela (especialmente a los de secundaria, quienes tienen que viajar mayor distancia); a muchos se les permite que se aventuren unas cuantas cuadras para ir a la tienda o a la librería. Algunos podrían ir de la escuela a alguna otra clase cercana; otros podrían ir en el mismo auto que algunos de sus amigos a la práctica del equipo.  Algunos padres se sienten más cómodos si sus hijos los pueden contactar con facilidad. Yo crecí con el mantra: “¡Me llamas cuando llegues!” Actualmente, resulta más difícil encontrar un teléfono público, por lo que un teléfono celular puede ser considerado como una necesidad legítima.

Tweens  que tengan dos  “casas” ( un par de ejemplos son los padres divorciados con custodia compartida o niños que pasan bastante tiempo con sus abuelos),  y que podrían beneficiarse de tener solamente un número de contacto.  Además de a que algunos padres divorciados les parece más sencillo hablar con sus hijos por el celular cuando están bajo la custodia del otro padre.

Un chico, ¿necesita “chatear” por el teléfono? Los padres han discutido esto por generaciones, desde los días en que había que poner una “extensión” o una segunda línea telefónica en la habitación de un chico mayor. Algunas veces, el eliminar las peleas derivadas de tener una sola línea terrestre vale la pena el esfuerzo de conseguir un segundo teléfono celular e instruir al niño acerca de cómo usarlo responsablemente.

Úsalo, no lo pierdas

Un temor común a algunos padres es que Junior o Princesa pierdan el teléfono.  Es verdad que un celular perdido es un problema (algunas veces un problema costoso) si cae en manos equivocadas.  Pero, los padres deberían tomar en cuenta qué tan cuidadoso es su hijo con otras cosas importantes. ¿Se pierden los anteojos, las llaves, las chamarras y las mochilas? Si no es así, entonces tu hijo probablemente ejercita una cierta cantidad de cuidado con sus pertenencias, por lo que, probablemente, con un teléfono sería lo mismo. Si resulta que consistentemente pierde sus cosas…bueno, te lo puedes imaginar.  Si tu hijo realmente necesita un teléfono pero tienes miedo de que desaparezca, necesitarás tomar otras medidas (como podría ser mantenerlo amarrado a la mochila) y ¡empezar a trabajar en esos asuntos de responsabilidad personal!

Otra opción sería el considerar un teléfono pre-pagado; por lo menos, si se pierde, limitas el daño financiero. Proveedores amigables hacia la familia incluyen a Kajeet y Firefly; muchos de los proveedores más importantes también ofrecen la posibilidad de contratar planes pre-pagados.

Hablando de límites

Necesitas fijarlos. Lo mismo harías con una línea terrestre; no lo evites sólo porque el tiempo de tu teléfono no se ve comprometido.  Los límites más fáciles son los más estrictos: llama cuando llegues a tu destino, como se te ha dicho; llama si tienes una emergencia: (Si les fijas estos límites antes de darles el teléfono, ¡podrías aminorar el deseo de tener uno!)

Eventualmente, tu hijo querrá chatear de forma regular.  Y tonos especiales. Y envío de textos. Y juegos. Y posibilidades de navegar el web.  Es una colina resbalosa.  Pero, no te dejes vencer: hasta los jóvenes más maduros pueden sentirse tentados a tener el web en su mochila o su bolsillo trasero. Los planes mayores, como los de AT&T, ofrecen servicios que restringen lo que tu hijo puede hacer con un celular, tales como limitar los mensajes de texto, bloquear algunos números y filtrar el contenido.

Si tú no permitías llamadas a la línea terrestre después de alguna hora, deberás hacer que tu hijo comprenda que ese límite se aplica también a los teléfonos celulares.  Vigila que tu hijo adolescente no esté mandando textos o hablando debajo de las cobijas cuando él o ella deberían estar haciendo su tarea o durmiendo. Asegúrate de que, en la noche, se quede en la cocina o en el cuarto familiar cuando se está cargando.  También recuerda que los teléfonos celulares pueden convertirse en una seria distracción en la escuela.  Generalmente no se les permite que estén encendidos (ni siquiera en vibración) durante las horas de escuela y a menudo serán confiscados si se descubre que están en uso.

Depende de ti

Después de todo lo dicho, solamente tú puedes decidir si tu hijo está listo y si necesita un teléfono celular.  No hay una respuesta para todos.  Pero una cosa es segura: cuando ambos estén listos, habrá bastante qué hablar (y no en el teléfono) para asegurarte de que el uso que le dé tu hijo al celular sea positivo.

Terri Hunter-Davis is a veteran writer, editor and designer in both print and online media. Her areas of expertise include family, lifestyle and shelter topics. Terri lives in San Francisco with her husband and increasingly tech-savvy 6- and 10-year-old daughters.


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